Verano en invierno

Hay días muy grises en el invierno limeño, y son muchos. Lo curioso es que a los limeños les encantan. A mí no. Es así. Tal cual. Y admitir públicamente que los sucesivos días nublados no me gustan no es desmerecer esta ciudad. Es lo que a mí me pasa con respecto a este clima.

Mientras tanto, en el hemisferio norte, disfrutan de un merecido verano, con temperaturas infernales y cielos azules refrescados con tormentas estivales.

Y en unos meses será al revés.

La cosa es que si aprovechamos para viajar a España cuando aquí llegan, al fin, las vacaciones de verano (diciembre. enero y febrero), nos vamos al invierno. Y entramos en un ciclo de inviernos consecutivos Lima-Barcelona-Lima-Barcelona… que deja a esta catalana de sangre caliente y alma caribeña, sumida en época de permanente recogimiento.

Mi cuerpo enloquece con tanto invierno repetido. Uno tras otro. Y me dice, -Oye, y el solsticio de verano ¿para cuándo?  ¿Y nadar en el mar? ¿Y la ropa ligera? ¿Y las tardes de verano con amigos? ¿Y las noches estivales? ¿Y las habaneras en la playa? ¿Y las risas de mi hijo en la piscina (a la que no quiere entrar, y después no quiere salir)? Ah, claro!!! Lo que yo pinto es un cuadro de algún impresionista, a la orilla del mar. ¡Qué bonito! Pero la vida no es un verano. La vida es dura. Es trabajar, esforzarse, sufrir, aguantar, soportar. Cuanto más, mejor. BUF. Pues no.

Pero nada como encontrarse con una amiga, para reconfortar el alma. Y recordar también que compartir con buenos amigos, es un pequeño verano. Ir a una clase de salsa, sólo por el placer de volver a bailar (donde además hay más hombres que mujeres, …inaudito!!), también es un pequeño verano.  Irse a dar una vuelta al salón del cacao, no tiene nada que ver con el verano, pero es un placer 😉 Y seguir alimentando un nuevo proyecto profesional también. Es trabajar sin notar que trabajo. ¡Es cierto!

Así que el verano queda lejos, pero las fantásticas playas del norte peruano no tanto. Playas sin gente, atardeceres sobre el mar, cebichito fresco, risas contagiosas de esa inmensa capacidad de disfrute que tienen los niños. Llegan las vacaciones invernales y con ellas la posibilidad de una escapadita a tierras más calientes y soleadas. Aquí mismo.

Quién sabe. Tal vez lo que esté necesitando justamente sea esto, un invierno anímico consecutivo. Cuando la Naturaleza exterior muere, concentra toda su energía en el interior. Allí, las semillas son cuidadas en la oscuridad de la tierra. Tal vez por resonancia, esté yo en ese proceso. Cuidando y alimentando las semillas de lo que quiere florecer en mi alma, para, algún día, aportar mis frutos a los demás.

Que así sea.

Un feliz verano, un feliz invierno.

2016-10-07-18-03-11

 

 

 

 

 

 

Luces y sombras de Lima… o tal vez no

Hace cuatro meses que no escribo en este blog. Tal vez sea, de nuevo, por la intensidad de lo vivido.

Casi tres de estos cuatro meses los pasamos en Barcelona. En un periodo de nutrición física y afectiva, junto a la gente que queremos. Y aún así, quedaron personas por ver y cosas por hacer.

Es asombroso observar cómo cambian nuestras relaciones a medida que nosotros cambiamos. Cuántas conversaciones he mantenido con amigas, cuyo vínculo no sólo no lo ha deteriorado la distancia, sino al contrario, se ha vuelto más entrañable, si cabe. Cuántos momentos de absoluto placer observando la salida del sol junto a mi padre. O saboreando no ya la comida, sino el amor con que mi madre cocina. Regresar a Lima y ver a mi hijo tumbarse entusiasmado sobre la alfombra tejida por ella. Escuchar, asombrada, la locuacidad de mi sobrino de tres años.

Mil y una anécdotas contaría sobre esos días pasados en Barcelona (y Oporto). Pero siguen muy presentes los viajes en el tren, observando el sol sobre ese mar que tanto extraño. Un tren que recorre el litoral y cuyas vías corren paralelas a la playa. Con el secreto deseo de pedir a los demás pasajeros que levanten la vista de su móvil y miren lo que enmarcan las ventanas.

Pero de repente, en una súbita revelación, a punto de cumplir tres años en esta ciudad, me doy cuenta que mis amores por mi tierra y mi gente permanecen y se fortalecen, mientras que mis sentimientos hacia Lima toman un giro inesperado. Como el haber visto a alguien como amigo muchos años y un día descubrir que te has enamorado.

Con todo lo que no me gusta de Lima, todo lo que busco y no encuentro, lo que encuentro y no quiero, lo que me es ajeno,… de repente,  me doy cuenta que la quiero. Es así. Simple. Quiero esta tierra. Y la quiero tal cual. Y me doy cuenta que, lo que transforma mi percepción de esta ciudad no es una necesidad adaptativa, ni una ceguera temporal, no. Es el afecto. Más allá de mi capacidad de observación o mi derecho a opinar.

El afecto transforma nuestras percepciones. Es así. Y, por ende, nuestras relaciones. El cómo ha surgido este afecto, no lo sé todavía. Sí sé que ha sido un largo camino de mutuo conocimiento y descubrimiento. O el efecto colateral de un mayor autoconocimiento. Tal vez, las sombras limeñas no eran más que un reflejo de mis propias sombras.

En este viaje inciático que uno emprende, viaje o no, es fundamental conseguirse buenos compañeros. Yo he tenido el mejor durante los últimos trece años. Un maestro que ha reflejado  mis luces y mis sombras, así como yo las suyas.

…Exactamente igual que esta gran ciudad.

lima

Atardecer desde el Malecón. Miraflores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Tempestad

Hay días en que el alma se desgarra. Sientes que mil demonios la acechan para ganarse un discípulo allá donde habitan. Ese lugar que no es un infierno lejano, ni espera a los malos después de la muerte, sino un lugar en nosotros donde habitan los miedos, la ira desatada, el rencor, y todo aquello que no reconocemos, ni apaciguamos. Todo aquello que nos domina, incluyendo la pereza, la indiferencia, el narcisismo, la vanidad, la codicia, la envidia, la avaricia, … todo aquello que no reconocemos en nosotros, pero que también nos visita y, a veces, nos habita. Todo aquello que generalmente vemos y juzgamos en los otros, en un curioso juego de espejos.

Tal vez escribiendo pueda exorcizar los míos un poco, y el resto lo logre a través de los pies bien afianzados a tierra, el querer ser mejor persona y la enorme necesidad de vivir en armonía conmigo y con mi entorno.

A veces los pequeños gestos producen grandes cambios. Enceder un incienso. Rezar. Prender una vela. Escuchar música. Caminar. Respirar de forma consciente. Reconocer la emoción. …Y a veces no. A veces vence el miedo y desata la tempestad. Y entonces uno naufraga en su propósito, ahogándose en un océano de emociones poderosas que lo dominan.

Pero al llegar la noche y poner la cabeza en la almohada, me rindo al bienestar y la gratitud de poder dormir en mi cama, poder taparme y dormirme tranquila. Y es justo en ese instante, entre la gratitud y el sueño, cuando reviso las tormentas del día. Con inmensa claridad aparecen las opciones para evitar nuevos naufragios, e incluso, cómo capear el temporal. Y así, en una repetida retrospectiva, noche a noche revivo mi día para llevar al sueño el impulso de hacerlo mejor.

Tal vez los dioses se apiaden de nosotros, como tantas veces nos cuenta la mitología, que mañana tras mañana, amanece de nuevo. Y vuelven las situaciones para poner a prueba lo reflexionado la noche anterior.

…Al final, todos subiremos a la misma barca para cruzar el umbral. Despojados de pertenencias, sólo cabrá en esa barca lo que lleve el alma.

Por eso te deseo buen viento en tus viajes. Poco peso, humor y mucho amor. Y si te cruzas con una tormenta, que no te mate, sino fortalezca. Para que en la próxima no sea el miedo quién te domine, sino que venza el amor.

Foto de “World of Beauty”

 

Las luces que nos alumbran

Hace más de dos meses que no me siento a escribir y, además, hoy es un homenaje.

He encendido una vela, como parte de un pequeño ritual. Es curioso cómo acompaña. Tal vez sea una herencia de tiempos remotos y no tan remotos, en los que el fuego era sagrado y expresión externa de nuestra propia luz.

Tal vez sea una razón por la cual encendemos velas en los cumpleaños. Más luz en la persona que celebra la vida.

Sea como sea, hay personas que en su cumpleaños deberían soplar el triple de velas. Porque no sólo ellas se iluminan, sino que iluminan las vidas de los demás.

Te deseo una larga vida mi querida Marta. Y un muy feliz cumpleaños.

Y por velas, el sol.

Un gran abrazo,

Eva

 

2016-10-07-18-03-11

 

 

 

 

 

 

 

MITAYI, en honor a la Amazonía

Hoy leía artículos en los que se escribía sobre la explotación petrolífera del parque natural Yasuní, en la selva amazónica ecuatoriana. Es una tragedia, no sólo para los que la conocemos y amamos, sino para aquellos que no la conocen y para aquellos que tampoco la aman.

La selva amazónica de los países vecinos no tiene mejor suerte. Sigue siendo expoliada de sus tesoros naturales que también son los nuestros, los de todos. Sigue siendo deforestada, exterminando especies animales y vegetales. Plantas de las cuales jamás llegaremos a conocer sus propiedades curativas. Árboles que dejarán de transformar el aire que respiramos y que cada día intoxicamos más.

Pero yo sigo creyendo que aunque nos ciegue la ambición, la codícia, la indiferencia, la falta de consciencia, también despertamos. Sí, hay muchos, cada día más, que despiertan de ese embotamiento que produce el consumo desenfrenado. Cada día son más los que se preguntan si necesitan tantas cosas para vivir, o si han sido niños los que han recogido el cacao del chocolate que se comen, o si tal vez han sido personas en régimen de semi esclavitud las que han fabricado su ropa. Cada día más cambian el FAST por el SLOW. En la comida, la moda, la educación,… Cada día, más dejan de correr para vivir.

Sabemos que los grandes cambios empiezan por uno mismo. Lo sabemos. Y también que a más personas despiertas, más gana el planeta. Y si gana el planeta, ganamos todos.

Pero de nada le sirve al planeta que yo diserte sobre lo reprochable en los actos ajenos, si no reviso los propios. Así que, con humildad, recojo la mirada, y me preparo para ganar las batallas diarias al miedo, a la ira, a la indiferencia y al rencor, para transformalo, si puedo, en amor, ternura, compromiso y perdón. Para inspirarme en otros y servir de inspiración.

Como MITAYI. El coro de jóvenes peruanos que cantan por la Amazonía. Magníficas voces recorren el Perú a través de la canción, como homenaje a que la Amazonía fue nombrada patrimonio de la humanidad. MITAYI, voces del sol. Porque mientras medio mundo se debate por tener más, el otro medio despierta.

Buenas noches Lima, bon dia Barcelona.

yasuni1

Parque nacional Yasuní, Amazonía

 

hqdefault

Lima, Quito y la añoranza

 

Alguien me decía alguna vez que soy la eterna insatisfecha. Cuando estoy en un lugar, echo de menos estar en otro, y cuando regreso, echo de menos el anterior. Puede ser.

Hay mucho que extraño en Lima de Barcelona. Pero me doy cuenta que extraño también Ecuador. … Cada imagen que me llega a través de las redes sociales, es una punzada en el corazón.

Allí aprendí a disfrutar de mi soledad, la sufrí también en muchos momentos. Descubrí amigos que siguen siendo amigos a pesar del tiempo y la distancia, y los afectos permanecen intactos. Aprendí a amar sin medida, y sufrí sin medida también. Subí montañas, crucé lagos, volé en sus cielos, bailé hasta el cansancio, reí, lloré, amé y fui amada,… En todo ese atado apasionado, viví la vida de los 25 a los 31 con tal intensidad y rodeada de tanta Belleza, que es doloroso revivirlo sin estar allí.

Y si tanto lo echo de menos, por qué no regreso estando ahora tan cerca? Porque tal vez lo que temo es no poder regresar al tiempo que viví.  Caminar por los lugares en los que tanto amé paisajes y personas, y tener que revivir el duelo. O tal vez porque tema no querer marcharme nunca más.

Mi padre siempre me decía, aprovecha al máximo la experiencia, que luego se acaba. Y ahora me sigue diciendo lo mismo cuando lamento el clima, el tráfico o verlos tan poco.

Le hice caso. Viví en Ecuador con todo mi corazón. Enamorada de cada volcán, cada lago; la asombrosa transformación del paisaje yendo de Quito a la costa; del mar de luciérnagas iluminando la noche oscura de la selva, como si el cielo se hubiese caído; de esa luz inigualable; las iglesias del centro histórico, las casas de la época colonial bellamente restauradas, bellísimas haciendas convertidas en hosterías; paisajes remotos sin ninguna presencia con ríos, montañas y lagos de una belleza extraordinaria; el amor de los ecuatorianos por su país, su pasión y su inconformismo, su solidaridad trascendiendo regionalismos, su siempre generosa hospitalidad;… Ecuador es un país pequeño, con tanta grandeza… Imposible percibirlo en un viaje de turismo. Es un país para ser vivido, para disfrutar sus fiestas, conocer sus leyendas, probar sus comidas, conocer sus más lejanos y escondidos rincones, vivir su día a día y descubrir cada mañana la silueta de algún volcán recortada contra el cielo de un azul imposible.

Tal vez un día, frente al mar de Barcelona, escriba sobre todo lo que añoro del Perú.

..O tal vez haya aprendido entonces, que la añoranza puede ser un recurso para huir del presente. Y sepa vivir plenamente cada instante, con enorme gratitud y admiración.

 

 

 

 

La libertad del silencio

Me preguntaba qué pasaría si todo lo que escribimos en internet (redes sociales, blogs, webs,…) fueran palabras dichas en voz alta. ¡No callaríamos nunca! Ni siquiera al dormir. Nuestras palabras seguirían hablando sin cesar por nosotros, mientras fuésemos leídos.

Siempre hay algo que leer en internet. Siempre hay alguien escribiendo o alguien quien nos lee. A veces pienso que es un alimento constante del ego y, a la vez, un constante voyeurismo.

Blogs y más blogs (vaya el mío por delante). Palabras y más palabras.

…Echo de menos el silencio.

Tal vez siempre haya alguien que nos cuente algo interesante y alguien a quién le parezca interesante lo que contemos. Pero… en medio de esta locura de contar qué hacemos, dónde vamos, con quién,… ¿No será que en realidad nos sentimos solos?

Tal vez por eso no haya escrito útlimamente.

Tal vez no haya escrito últimamente porque los afectos se han multiplicado por la visita de mis padres, o porque esos rincones de mi alma a los que nadie podía acceder y a los que siempre exigía llegar, son ahora rincones a los que empieza a llegar la luz, el aire y el amor.

Y me siento en ellos en silencio a tomar un café, a leer un libro, a contemplar el mundo y a saborear la vida sintiéndome querida sin más.

Una mujer imperfecta en un mundo imperfecto lleno de imperfectos. Es extraordinariamente liberador. Como lo es el silencio que aquieta la mente y deja espacio al verdadero Yo.

IMG_2514