Sincronía

Hace un poco más de un mes, vi una foto en internet de la fachada de un viejo edificio.

Quedé hipnotizada. Fue una impresión profunda. No había visto nunca antes esa fachada y, sin embargo, ahí estaba yo, buscando de nuevo la imagen  en “arquitectura colonial”, para lograr averiguar qué era y dónde estaba.

Aunque parezca increíble, la imagen apareció de nuevo, y repetida. Apareció el nombre. Sí, pero ¿Dónde?…Averigüé el país. ¡Colombia!

Volví a quedarme absorta frente a la foto del viejo edificio. En otras imágenes, no sé si más recientes, el edificio aparecía ya restaurado. Pero esa primera imagen me cautivó. A través de sus viejos portalones se veía un río. Y esa luz… Tenía que saber más de esa ciudad y, sobre todo, tenía que conocerla.

Ya no pude parar. Como guiada por una fuerza invisible, en poco tiempo ya había averiguado que la población con aeropuerto, más cercana, era Cartagena de Indias, y que para llegar se necesitaban 6 horas de bus, un ferry y un taxi. No importaba. Ese edificio tenía algo que contarme y yo quería saber qué.

Seguí buscando. Esa ciudad pequeña en medio de ciénegas, había sido nada más y nada menos que nombrada patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Fue la ciudad en la que se produjo el primer grito de libertad contra el dominio español. Tanto fue así, que Simón Bolívar dijo: “Si a Caracas debo la vida, a Mompox debo la gloria”.

Una ciudad con gran tráfico fluvial en la época de la colonia, mucho comercio y gran riqueza aportada por todos aquellos que iban desde el mar hacia el interior.

Aunque ahora, sin el auge de aquel tiempo y sin ser un destino de fácil acceso, era visitada y ofrecía, entre otras cosas, un festival de jazz. La cosa iba mejorando por momentos. Y ya mejoró del todo cuando averigüé que uno de sus mayores tesoros y atractivos es la confección de filigrana en plata. Una técnica artesanal orfebre, heredada de tiempos anteriores a la colonia. Allí vivieron varias etnias que trabajaron bellamente la plata.

Las fotos que aparecían de los posibles hoteles, en especial el Portal de la Marquesa, parecían sacados de una novela de García Marquez.

Magia en estado puro. Y esa luz…

Sí, Santa Cruz de Mompox.

Mi sueño ya tenía nombre propio.

No sabía cuándo, pero iba a sentarme frente a ese edificio, para que el edificio me hablara.

Y, sin saber muy bien cómo, en poco tiempo me vi a mí misma organizando un viaje hasta allí. Lima-Cartagena, Cartagena-Mompox. Iba a estar poco tiempo, porque necesitaba dos días para llegar y dos para regresar, pero daba igual. Aunque fuera un día, iba a sentarme frente a ese edificio y a caminar a la orilla del río.

Y así fue cómo organicé el viaje a Santa Cruz de Mompox.

Santa Cruz, nos vemos dentro de muy poco.

Tal vez sentada allí, junto al río, no sólo abra el corazón para que llegue lo nuevo, sino que asocie ese grito de libertad con el de mi propia tierra. Otro tiempo, otra tierra y, esta vez, desde la Paz.

 

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Sí puede ser

Hacía años que no escuchaba música. Anoche, al regresar de un concierto, me di cuenta de hasta qué punto el alma y el espíritu se nutren con ella.

Piano, ópera, zarzuela, boleros, vals… un variado repertorio y un tenor magistral. Además de por su voz, por su carisma. Y la noche fue un correr de canciones y aplausos, saltando de emoción en emoción. Hasta que sonó una melodía que no escuchaba desde la infancia. Y, de repente, ahí estaban mi padre, mi madre y mis hermanos un domingo de entonces.

Si sabes cómo vivir intensamente cada momento y no pides más,… ese momento es la gloria más absoluta.

Es así de fácil.

Amar la vida y las personas.

Bah! Qué post tan malo. Tan sinsentido y tan aburrido. Pero la vida, cuando se pone bonita, mejor vivirla y nada más.

 

Aunque el tenor de anoche no fue Plácido Domingo, “No puede ser” me recordó mi niñez.

 

 

 

 

 

 

 

 

Verano en invierno

Hay días muy grises en el invierno limeño, y son muchos. Lo curioso es que a los limeños les encantan. A mí no. Es así. Tal cual. Y admitir públicamente que los sucesivos días nublados no me gustan no es desmerecer esta ciudad. Es lo que a mí me pasa con respecto a este clima.

Mientras tanto, en el hemisferio norte, disfrutan de un merecido verano, con temperaturas infernales y cielos azules refrescados con tormentas estivales.

Y en unos meses será al revés.

La cosa es que si aprovechamos para viajar a España cuando aquí llegan, al fin, las vacaciones de verano (diciembre. enero y febrero), nos vamos al invierno. Y entramos en un ciclo de inviernos consecutivos Lima-Barcelona-Lima-Barcelona… que deja a esta catalana de sangre caliente y alma caribeña, sumida en época de permanente recogimiento.

Mi cuerpo enloquece con tanto invierno repetido. Uno tras otro. Y me dice, -Oye, y el solsticio de verano ¿para cuándo?  ¿Y nadar en el mar? ¿Y la ropa ligera? ¿Y las tardes de verano con amigos? ¿Y las noches estivales? ¿Y las habaneras en la playa? ¿Y las risas de mi hijo en la piscina (a la que no quiere entrar, y después no quiere salir)? Ah, claro!!! Lo que yo pinto es un cuadro de algún impresionista, a la orilla del mar. ¡Qué bonito! Pero la vida no es un verano. La vida es dura. Es trabajar, esforzarse, sufrir, aguantar, soportar. Cuanto más, mejor. BUF. Pues no.

Pero nada como encontrarse con una amiga, para reconfortar el alma. Y recordar también que compartir con buenos amigos, es un pequeño verano. Ir a una clase de salsa, sólo por el placer de volver a bailar (donde además hay más hombres que mujeres, …inaudito!!), también es un pequeño verano.  Irse a dar una vuelta al salón del cacao, no tiene nada que ver con el verano, pero es un placer 😉 Y seguir alimentando un nuevo proyecto profesional también. Es trabajar sin notar que trabajo. ¡Es cierto!

Así que el verano queda lejos, pero las fantásticas playas del norte peruano no tanto. Playas sin gente, atardeceres sobre el mar, cebichito fresco, risas contagiosas de esa inmensa capacidad de disfrute que tienen los niños. Llegan las vacaciones invernales y con ellas la posibilidad de una escapadita a tierras más calientes y soleadas. Aquí mismo.

Quién sabe. Tal vez lo que esté necesitando justamente sea esto, un invierno anímico consecutivo. Cuando la Naturaleza exterior muere, concentra toda su energía en el interior. Allí, las semillas son cuidadas en la oscuridad de la tierra. Tal vez por resonancia, esté yo en ese proceso. Cuidando y alimentando las semillas de lo que quiere florecer en mi alma, para, algún día, aportar mis frutos a los demás.

Que así sea.

Un feliz verano, un feliz invierno.

2016-10-07-18-03-11

 

 

 

 

 

 

Luces y sombras de Lima… o tal vez no

Hace cuatro meses que no escribo en este blog. Tal vez sea, de nuevo, por la intensidad de lo vivido.

Casi tres de estos cuatro meses los pasamos en Barcelona. En un periodo de nutrición física y afectiva, junto a la gente que queremos. Y aún así, quedaron personas por ver y cosas por hacer.

Es asombroso observar cómo cambian nuestras relaciones a medida que nosotros cambiamos. Cuántas conversaciones he mantenido con amigas, cuyo vínculo no sólo no lo ha deteriorado la distancia, sino al contrario, se ha vuelto más entrañable, si cabe. Cuántos momentos de absoluto placer observando la salida del sol junto a mi padre. O saboreando no ya la comida, sino el amor con que mi madre cocina. Regresar a Lima y ver a mi hijo tumbarse entusiasmado sobre la alfombra tejida por ella. Escuchar, asombrada, la locuacidad de mi sobrino de tres años.

Mil y una anécdotas contaría sobre esos días pasados en Barcelona (y Oporto). Pero siguen muy presentes los viajes en el tren, observando el sol sobre ese mar que tanto extraño. Un tren que recorre el litoral y cuyas vías corren paralelas a la playa. Con el secreto deseo de pedir a los demás pasajeros que levanten la vista de su móvil y miren lo que enmarcan las ventanas.

Pero de repente, en una súbita revelación, a punto de cumplir tres años en esta ciudad, me doy cuenta que mis amores por mi tierra y mi gente permanecen y se fortalecen, mientras que mis sentimientos hacia Lima toman un giro inesperado. Como el haber visto a alguien como amigo muchos años y un día descubrir que te has enamorado.

Con todo lo que no me gusta de Lima, todo lo que busco y no encuentro, lo que encuentro y no quiero, lo que me es ajeno,… de repente,  me doy cuenta que la quiero. Es así. Simple. Quiero esta tierra. Y la quiero tal cual. Y me doy cuenta que, lo que transforma mi percepción de esta ciudad no es una necesidad adaptativa, ni una ceguera temporal, no. Es el afecto. Más allá de mi capacidad de observación o mi derecho a opinar.

El afecto transforma nuestras percepciones. Es así. Y, por ende, nuestras relaciones. El cómo ha surgido este afecto, no lo sé todavía. Sí sé que ha sido un largo camino de mutuo conocimiento y descubrimiento. O el efecto colateral de un mayor autoconocimiento. Tal vez, las sombras limeñas no eran más que un reflejo de mis propias sombras.

En este viaje inciático que uno emprende, viaje o no, es fundamental conseguirse buenos compañeros. Yo he tenido el mejor durante los últimos trece años. Un maestro que ha reflejado  mis luces y mis sombras, así como yo las suyas.

…Exactamente igual que esta gran ciudad.

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Atardecer desde el Malecón. Miraflores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Tempestad

Hay días en que el alma se desgarra. Sientes que mil demonios la acechan para ganarse un discípulo allá donde habitan. Ese lugar que no es un infierno lejano, ni espera a los malos después de la muerte, sino un lugar en nosotros donde habitan los miedos, la ira desatada, el rencor, y todo aquello que no reconocemos, ni apaciguamos. Todo aquello que nos domina, incluyendo la pereza, la indiferencia, el narcisismo, la vanidad, la codicia, la envidia, la avaricia, … todo aquello que no reconocemos en nosotros, pero que también nos visita y, a veces, nos habita. Todo aquello que generalmente vemos y juzgamos en los otros, en un curioso juego de espejos.

Tal vez escribiendo pueda exorcizar los míos un poco, y el resto lo logre a través de los pies bien afianzados a tierra, el querer ser mejor persona y la enorme necesidad de vivir en armonía conmigo y con mi entorno.

A veces los pequeños gestos producen grandes cambios. Enceder un incienso. Rezar. Prender una vela. Escuchar música. Caminar. Respirar de forma consciente. Reconocer la emoción. …Y a veces no. A veces vence el miedo y desata la tempestad. Y entonces uno naufraga en su propósito, ahogándose en un océano de emociones poderosas que lo dominan.

Pero al llegar la noche y poner la cabeza en la almohada, me rindo al bienestar y la gratitud de poder dormir en mi cama, poder taparme y dormirme tranquila. Y es justo en ese instante, entre la gratitud y el sueño, cuando reviso las tormentas del día. Con inmensa claridad aparecen las opciones para evitar nuevos naufragios, e incluso, cómo capear el temporal. Y así, en una repetida retrospectiva, noche a noche revivo mi día para llevar al sueño el impulso de hacerlo mejor.

Tal vez los dioses se apiaden de nosotros, como tantas veces nos cuenta la mitología, que mañana tras mañana, amanece de nuevo. Y vuelven las situaciones para poner a prueba lo reflexionado la noche anterior.

…Al final, todos subiremos a la misma barca para cruzar el umbral. Despojados de pertenencias, sólo cabrá en esa barca lo que lleve el alma.

Por eso te deseo buen viento en tus viajes. Poco peso, humor y mucho amor. Y si te cruzas con una tormenta, que no te mate, sino fortalezca. Para que en la próxima no sea el miedo quién te domine, sino que venza el amor.

Foto de “World of Beauty”

 

Las luces que nos alumbran

Hace más de dos meses que no me siento a escribir y, además, hoy es un homenaje.

He encendido una vela, como parte de un pequeño ritual. Es curioso cómo acompaña. Tal vez sea una herencia de tiempos remotos y no tan remotos, en los que el fuego era sagrado y expresión externa de nuestra propia luz.

Tal vez sea una razón por la cual encendemos velas en los cumpleaños. Más luz en la persona que celebra la vida.

Sea como sea, hay personas que en su cumpleaños deberían soplar el triple de velas. Porque no sólo ellas se iluminan, sino que iluminan las vidas de los demás.

Te deseo una larga vida mi querida Marta. Y un muy feliz cumpleaños.

Y por velas, el sol.

Un gran abrazo,

Eva

 

2016-10-07-18-03-11

 

 

 

 

 

 

 

MITAYI, en honor a la Amazonía

Hoy leía artículos en los que se escribía sobre la explotación petrolífera del parque natural Yasuní, en la selva amazónica ecuatoriana. Es una tragedia, no sólo para los que la conocemos y amamos, sino para aquellos que no la conocen y para aquellos que tampoco la aman.

La selva amazónica de los países vecinos no tiene mejor suerte. Sigue siendo expoliada de sus tesoros naturales que también son los nuestros, los de todos. Sigue siendo deforestada, exterminando especies animales y vegetales. Plantas de las cuales jamás llegaremos a conocer sus propiedades curativas. Árboles que dejarán de transformar el aire que respiramos y que cada día intoxicamos más.

Pero yo sigo creyendo que aunque nos ciegue la ambición, la codícia, la indiferencia, la falta de consciencia, también despertamos. Sí, hay muchos, cada día más, que despiertan de ese embotamiento que produce el consumo desenfrenado. Cada día son más los que se preguntan si necesitan tantas cosas para vivir, o si han sido niños los que han recogido el cacao del chocolate que se comen, o si tal vez han sido personas en régimen de semi esclavitud las que han fabricado su ropa. Cada día más cambian el FAST por el SLOW. En la comida, la moda, la educación,… Cada día, más dejan de correr para vivir.

Sabemos que los grandes cambios empiezan por uno mismo. Lo sabemos. Y también que a más personas despiertas, más gana el planeta. Y si gana el planeta, ganamos todos.

Pero de nada le sirve al planeta que yo diserte sobre lo reprochable en los actos ajenos, si no reviso los propios. Así que, con humildad, recojo la mirada, y me preparo para ganar las batallas diarias al miedo, a la ira, a la indiferencia y al rencor, para transformalo, si puedo, en amor, ternura, compromiso y perdón. Para inspirarme en otros y servir de inspiración.

Como MITAYI. El coro de jóvenes peruanos que cantan por la Amazonía. Magníficas voces recorren el Perú a través de la canción, como homenaje a que la Amazonía fue nombrada patrimonio de la humanidad. MITAYI, voces del sol. Porque mientras medio mundo se debate por tener más, el otro medio despierta.

Buenas noches Lima, bon dia Barcelona.

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Parque nacional Yasuní, Amazonía

 

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