Lima y la poción mágica

Sientes primero el frío de la copa, después la suavidad, inmediatamente el dulzor y de fondo la acidez,… das el primer sorbo y sientes que te refresca, pero no embriaga. Das otro sorbo para repetir sensaciones, y otro más para asegurarte del sabor. Y entonces estás perdido. Si has dado tres sorbos… ya no podrás dejar la copa vacía.

Pero ten cuidado. Una segunda copa puede tener nefastas consecuencias. Te lo he advertido. Vas a sentir que tu lengua se traba, que tu cabeza da vueltas, que te sientes más ligero y que no puedes dejar de sonreír. Nunca te tomes una tercera a no ser que te guste el ceviche de conchas negras (el marisco). Dicen, el mejor anti resaca habido y por haber… en Lima. Y, por supuesto, no conduzcas (esto último no lo haría en ninguna de las tres opciones anteriores).

También dicen que quién prueba esta pócima, regresa a Perú. Doy fe que es así.

El secreto reside en las proporciones exactas. Como si de un proceso alquímico se tratase, las tres bases son la esencia de dicha poción, aunque no su espíritu. Como el genio de la lámpara, en la copa se esconde el éter (etanol en realidad) de tan preciado brebaje.

3, 2, 1,… No es una cuenta atrás, si no la fórmula escencial del PISCO SOUR. Destilado de la uva, y bebida nacional por excelencia.

Cuando llegues a Perú, todo hotel que se precie te recibirá con un buen pisco sour (y todo buen amigo también).

Desvelado el misterio, déjame contarte que su origen es incierto. Muchos hablan de un Bar Morris y un gringo que preparó un whisky sour con pisco, en ausencia de whisky. Aunque hay pruebas gráficas de una receta de un ponche pisco de 1903 en el que ya se usaba el 3,2,1 y el huevo.

Pero fue un peruano de ojos rasgados, preciosa sonrisa y el corazón medio en Lima, medio en Quito quién, tras algunos años de amistad, finalmente compartió conmigo la receta secreta de un buen pisco sour. ¡José Antonio, a tu salud!

(Toma nota)

3 medidas de pisco (que sea de buena calidad, por favor)

2 medidas de jugo (zumo) de limón (limón verde pequeño, en su defecto el amalfitano o amarillo mediterráneo)

1 medida de jarabe de goma (o azúcar)

Añade la clara batida de un huevo (sí, sí, sin esto pierde la gracia)

Hielo picado y unas gotitas de angostura (si no tienes, puedes prescindir)

Lo puedes preparar en casa. Especialmente si hace calor o vuelves a disfrutar de un excepcional cálido día de invierno. Pero lo mejor es que lo pruebes en Lima.

El primer sábado de febrero será su día nacional, así que aprovecha.

Dos países compiten por su autoría (Perú y Chile) como dice mi amigo Gabriel. Prueba tú si puedes, y cuéntame con cual te quedas. Eso sí, recuerda que la alquimia de esta poción no está sólo en la copa, así que cuida bien dónde la bebes y, sobre todo, con quién.

¡SALUD!

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Pisco Sour (Foto cortesía de Google)

En Lima camina, si puedes.

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Al fin ha llegado el verano a Lima.

Aunque aún hay días que amanece gris, los días de sol y cielo azul se suceden, y la alegría regresa. Debo admitir que ahora los días nublados son de agradecer, ya que auguran una jornada fresca y una ciudad más caminable. Tanto esperar el verano y el sol… que cuando llega, el calor vuelve casi insoportable la Lima de a pie.

Y es que la Lima de a pie bien merecería un post para ella solita. Tantas zonas bonitas caminables y cuántas intransitables de verdad. Me pregunto a menudo cómo logran desplazarse las personas con movilidad reducida, o con silla de ruedas. Las largas y anchas avenidas tienen puentes peatonales repartidos en largos trechos, y sólo tienen escaleras. Las aceras o veredas, donde las hay, no tienen en su gran mayoría una zona de desnivel para poder deslizarse. Lo sé, lo sé, a nadie le gusta que alguien llegue a tu casa y te diga cómo deben ser las cosas, así que disculpen por favor los limeños, por hacer este tipo de observaciones nada positivas, pero sí constructivas… ¿O no?

Hablando de aceras o veredas, hace unos años (no sé cuántos) en algunos distritos y urbanizaciones decidieron que el estilo y normativa urbanística (si es que la hubo) debía ser como la norteamericana. Así que se construyeron casas y edificios con bonitos parterres y jardines, adornando la entrada hasta la calle. Pero… ¡ah!… sin aceras. Por eso abundan las calles en Lima donde el peatón comparte espacio (que no protagonismo) con los automóviles de cualquier tipo, tamaño y estilo de conducción. Este pequeño detalle me producía un gran estrés al principio, ahora sólo me produce estrés. Caminar con un niño de la mano por la calzada (“Se denomina calzada a la parte de la calle o de la carretera destinada a la circulación de los vehículos”, según wikipedia), por mucho que el niño siempre vaya por la parte exterior de la misma, y no por la que circulan los vehículos… es un estrés. Ya ni te cuento cuando el niño va creciendo y ya no quiere ir de la mano, sino trotando o haciendo equilibrios en los bordillos que limitan los parterres de los verdes o abandonados jardines.

Pero uno encuentra agua en el desierto, y de vez en cuando un buen samaritano, cansado de ver su verde jardín pisoteado por el constante transitar, pone piedras planas en línea recta a modo de caminito. Si tienes la suerte que tu zancada está emparejada a la distancia entre piedras, el transitar es agradable y mucho más agradecido, por no decir seguro.

Y otra cosa son los (bautizados por mi hijo y por mí) “rompe-zapatos”. Unos parterres con doble función, embellecer y permitir a los autos acceder al estacionamiento. Son un enrejado de cemento en el que teóricamente debe crecer la hierba (césped, pasto,…) en los huecos. Pero es una trampa mortal para zapatos y ya no digo tacones. Y si la hierba no crece, que no suele crecer,… entonces pasa a ser “rompe-tobillos”.

Debo confesar que esta defensora a ultranza de no pisar las zonas verdes y caminar civilizadamente sobre los lugares destinados al peatón, de camino al cole de mi hijo vamos atravesando las lindas praderas de los vecinos, incluso de aquellos que ponen alambres a la altura del tobillo para disuadir, a base de trompazos, al que ose pisar su-nuestra (de todos)-no-vereda-convertida-en-un-metro-más-de-jardín. Y cruzo siempre con mirada altiva, esperando que aparezca alguno de ellos para escuchar impávida su reproche, y poder así soltar mi perorata con respecto a la vereda. Pero será que intuyen que podrían no tener razón, porque hasta ahora nunca nadie me ha echado de su metro exterior de jardín.

Mis opiniones más críticas sobre Lima me hacen recordar la vida en pareja. Nos pasamos media vida queriéndolos cambiar, cuando en realidad la cosa pasa por agradecer que nos hagan de espejo y pongan en jaque lo que sí debemos cambiar en nostros mismos. Y entonces empieza el trabajo duro, claro. Lo que no quita hacer al otro partícipe de lo que nos molesta y/o hiere, manifestando nuestras necesidades. Menuda tarea titánica para aquellos que, como yo, anden en “construcción”.

NECESITAMOS veredas transitables en Lima, por favor. Dicho está.

Eso sí, en el mismo lugar que tanto camino y reniego, la fortuna nos sonríe a los de a pie con unos amaneceres y atardeceres indescriptibles. No por su luz, sino por el trinar de cientos de pajarillos que se posan en un gran árbol en ésta, una de tantas calles sin acera, y que cantan como nunca he escuchado en mi vida. Es un verdadero placer pararse un ratito (en el tramo con acera) y escuchar… Parece mentira que en grandes ciudades como ésta aún pueda uno transportarse y sentir que el alma vibra llena de alegría.

Si además es tarde de verano y el cielo se tiñe de incomparables pinceladas cromáticas… sólo me queda hacer una respiración profunda y agradecer, rendida absolutamente a ese instante de felicidad que la Lima de a pie me trae.

Un feliç hivern Barcelona, un feliz verano Lima, una feliz eterna primavera Quito. Us estimo, os quiero.

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“Rompe-zapatos”

 

 

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Rompe-zapatos en lugar de vereda

 

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“Metro exterior” de jardín

 

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Al filo de lo imposible (Foto gentileza de Google)

 

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Imagen habitual