Y… ¿Por qué no?

Tras mi última publicación, recibí emocionada varios correos de amigas que me animaban a no estar triste. A valorar lo positivo. A agradecer que al menos estuve unos días en Barcelona y que mi familia está bien. Cierto, cierto y cierto. Todo cierto. Tengo mil razones para sentirme agradecida y feliz. Pero… ¿Y si no lo estoy (feliz)? Y si por mucho que piense, ¿Lo que siento es otra cosa?

Las emociones. Desde pequeños nos entrenamos para dar gran protagonismo a nuestra mente, pero… ¿Y nuestras emociones? ¿Qué hacemos con ellas? …Hacemos. Nos ocupamos para no sentirlas, no escucharlas, no aceptarlas y darles el espacio que merecen. Claro, duelen. Y, a veces, las que satisfacen tampoco, porque tal vez no correspondan.

Reivindico mi derecho a sentir tristeza, enfado, miedo, rabia, culpa,… Porque tras cada una de ellas hay un toque de atención de una parte importante de mí. Si no las escucho me voy a perder una información valiosísima y probablemente acabe enferma manifestando, a través de la sabiduría del cuerpo, aquello que no he querido atender. Así que ahora entreno, atenta a lo que siento. Ojo, ¡No es tan fácil!

Pero no reivindico como acto de rebeldía, lo hago por necesidad vital.

“La verdad es que, probablemente, nuestros mejores momentos se dan a partir de sentirnos profundamente incómodos, tristes o insatisfechos.
Porque sólo en esos momentos, impulsados por nuestro malestar, es probable que salgamos de nuestra rutina y empecemos a buscar diferentes caminos o respuestas verdaderas”.
M. Scott Peck (Psiquiatra y escritor americano).

Todo esto… ¿Qué tiene que ver con Lima? ¿O con la Lima que huele a mar? Nada y todo. Porque Lima me ha puesto en jaque, como en el ajedrez. Sacándome de mis referentes habituales de seguridad, y sacudiendo los cimientos.

Lo sé. No hace falta irse a vivir a otro país para descubrir aspectos desconocidos de uno mismo. El día a día trae mil oportunidades. Pero a mí… que creía conocerme tanto, me muestra cada día lo poco que sé y lo mucho que ignoro.

Feliz primavera Lima, feliz otoño Barcelona.

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