Bon jour tristesse

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Podría describir la inexplicable tristeza que me embargó cuando hace dos días me encontraba frente al mar, “mi” mar. Tal vez eran las nubes, o la certeza que me quedaban sólo unas horas en Barcelona antes de salir hacia el aeropuerto.

También podría describir la inexplicable alegría que sentí al volver a casa, en Lima.

…Podría contarte la tristeza que sentí cuando supe que mis padres debían cancelar su viaje a Lima, tras casi un año sin verlos. O el miedo al saber que mi padre necesitaba una intervención de urgencia. Y también la alegría al saber que todo había ido bien y que nos íbamos a Barcelona para estar con ellos.

Podría decir que los días volaron y me quedaron personas que quiero por ver, y cosas por hacer.

Podría… Podría contar que hay afectos que requieren pocas palabras y un buen abrazo.

Sí, echo de menos Barcelona, el mar del Maresme, su luz, la fragancia de los pinos, ver el amanecer desde el tren,… Es mi tierra y mi gente, y los echo de menos. Y cuando los echo de menos no es en detrimento de Lima, su gente, sus rincones, sus costumbres o tanto más por descubrir. No. Las emociones conviven; coexisten en una amalgama de sentimientos encontrados que a veces dificultan el estar bien aquí, ahora.

Tú no tienes la culpa, Lima, que esté tan triste. Es la ausencia de mi “tribu”, del calor de los afectos y de mi torpeza en encontrar en mí misma esa fuente inagotable de amor. Sé que estoy en el buen camino, pero hasta entonces, tenme un poco de paciencia.

Seguiré contando todo lo que de ti descubra. Y lo haré con pasión de todo lo que me enamore. Pero no me pidas que finja y cuente de ti todo lo bello, cuando estoy aquí sentada, echando de menos…

 

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Fiestas Patrias en Perú de una catalana

La mayoría de colegios en el Perú han tenido ahora dos (o tres) semanas de vacaciones. Equivaldrían al periodo de vacaciones de diciembre del hemisferio norte. Hace frío, la humedad junto a la contaminación es una bomba para los asmáticos y un generador de tos para cualquier persona saludable cuyo cuerpo intenta expulsar lo que entra con el aire. Así que las vacaciones en estas fechas dan la oportunidad a gran parte de limeños a salir de la ciudad y encontrar refugio en tierras más cálidas (playas del norte), la selva o la sierra, mucho más seca, especialmente ahora que ya no es época de lluvias.

Pero las vacaciones son ahora porque el 28 y 29 de julio se celebran las Fiestas Patrias. La ciudad se tiñe de rojo y blanco. Todo edificio luce orgulloso la bandera del Perú, y los comercios visten a sus empleados con poncho y sombrero. Suenan los valses peruanos, y se baila la marinera con el caballo de paso.

Marinera-nortena-con-caballo-de-paso[1]

¿Y qué son las fiestas patrias? Pues nada más y nada menos que la Independencia del Perú de los conquistadores españoles. Así que en estos días el patriotismo sube de tono y, orgullosos, los peruanos rememoran haberse librado del yugo opresor (que lo fue, y mucho). A quien pueda interesarle, hay un libro muy bien escrito titulado Los Viracochas, de Edward Rosset que relata en forma novelada y muy bien documentada, lo que sucedió en época de la conquista.

Éste es un tema candente todavía. Susceptible de herir sensibilidades. Así que espero poder salir airosa, pero sin dejar de dar mi opinión.

Para mí cualquier conquista territorial es absurda de por sí, porque significa llegar donde antes había alguien y decirle: “A partir de ahora lo tuyo es mío y tú vas a hacer lo que yo te diga”.

Y tan absurda es la conquista para mí, como lo es que me acusen de ser corresponsable de dicha conquista. Es como si yo conociese a un árabe y le acusase de la conquista y ocupación de 800 años del territorio hispánico. Caramba. Recuerdo en un vuelo, un amable señor (no diré de dónde, porque el país de origen no tiene la culpa) me preguntó que qué opinaba yo de la conquista y de lo que hicieron mis antepasados en América. Lo más amablemente que pude le expliqué que era mucho más que probable que fueran antepasados suyos, los que conquistaron América. ¡La que se lió!… La conversación se zanjó con un acalorado: -Pues sepa usted, señorita, que me siento muy orgulloso de que en mis venas no corra sangre española!!… El silencio incómodo lo obligó a cambiarse de asiento, y yo me quedé con la boca abierta sin dar crédito a lo que acababa de ocurrir.

Anécdotas al margen y siendo la excepción; Primero Cuba, luego México, más tarde el Perú y después Brasil, Chile y Ecuador, esta parte del continente me fue enamorando con su luz, sus colores, sus aromas, su música, su literatura y, sobretodo, su gente. Cada vez que regresaba de uno de estos países le decía a mi madre, -Éste, éste es el país. Algún día viviré allí. …Un año, sólo un año que se convirtió en seis en Ecuador.  Para volver a vivir, trece años más tarde, esta vez en Perú. Y siempre, siempre, siempre he sido bienvenida en estas tierras de corazones cálidos y maestros anfitriones.

Hay que llevarse una cosa de casa, el corazón abierto. Y dejar otra, los prejuicios. Aunque claro, lo que uno se lleva siempre es la mochila personal llena de fantasmas del pasado y temores del futuro que, cual Cuento de Navidad, llegan a atormentarte cuando menos lo esperas, y pueden irrumpir de forma inoportuna y grosera hasta que les prestes atención. Y es entonces cuando empieza la verdadera conquista, la conquista de uno mismo.

¡QUE VIVA EL PERÚ!

Poutpourri hivernal

Querida Lima,

Dime qué puedo hacer para librarme de esta tos perruna que no me abandona ni de noche ni de día, sobre todo de noche. Recuerdo a Violetta en la Traviata, postrada en la cama, agonizando de pena y cantando su última aria, entre ataques de tos, antes de fallecer en brazos de Alfredo. Ni agonizo (espero) y mucho menos estoy postrada en la cama. Pero tal vez la tos refleje algo de este invierno limeño frío, húmedo, gris y triste, lejos del cálido verano de las costas barcelonesas. Necesito el mar. El calor. Los quereres de los que también me quieren allá. No diré una paellita, pero sí un arroz a lo pobre como hace mi padre. O el lomo con almendras de mi madre.

Y hablando de comida y para salir de la añoranza, muchos saben ya que Lima es capital gastronómica gracias a su embajador principal, Gastón Acurio, como ha sido y sigue siendo Ferrán Adriá (y muchos, muchos otros) para España. Gastón promueve la gastronomía tradicional, la reinventa, la quiere. No sólo de lo que logra la alquimia en el caldero, si no también de lo que echa en él; todos y cada uno de los mágicos ingredientes que conforman cualquier plato peruano.

Cada vez que le pregunto a alguien cuántas variedades de papa (patata) tiene el Perú, le aumentan un millar. ¡¡Ya voy por 30.000!! No creo que sean tantas, pero seguro más de 3.000. En la sección de tubérculos es toda una aventura tratar de adivinar cuál es cuál. Cuál será la más adecuada para hervir (amarilla), para freír (blanca), para la papa rellena (rosada), para comer con piel, al horno y con hierbas aromáticas (coctel),… Y me encanta preguntar a las expertas compradoras limeñas que me miran primero con asombro, luego con un -ah, es extranjera, y finalmente con una amplia sonrisa que dice, qué fácil pregunta. Y se explayan, y eso hace que la experiencia de la compra sea mucho más agradable y enriquecedora. Como cuando miraba pasmada la sección de los pimientos. ¡Ojo! se parecen mucho, pero uno es pimiento rojo y el otro es rocoto. Y rocoto es una variedad del ají. Y el ají (como un chile) es un maravilloso e imprescindible personaje que aparece en tantos platos y salsas peruanos. Puede ser amarillo (papa a la Huancaína), limo (ceviche), rojo, pipí de mono (chiquito y matón, sólo para los más osados, que conste que he avisado), rocoto (rocoto relleno)… y cada uno ha encontrado protagonismo en una amplia diversidad de recetas del día a día peruano. Caramba, ellos sí le ponen color al invierno.

Ajíes

Ajíes peruanos

Papas...

Papas…

Más papas...

Más papas…

Cuántos ingredientes sencillos y fantásticos constituyen la estructura básica de la gastronomía peruana. Podría escribir un post sólo hablando del kión. Ki-qué? K-I-Ó-N. Es decir, jengibre. Increíble. Esa raíz en forma de persona tiene la capacidad de calentar el organismo, y más allá de los platos, es obligado en la medicina tradicional casera. En casa ya es un clásico tomar en ayunas el zumo de limón en agua caliente con un poco de kión rallado. Alcaliniza el cuerpo, lo calienta y lo limpia por dentro.

Será porque no debo estar preparándolo bien, o como soy extranjera el remedio no funciona, pero hay un jarabe infalible para la tos. Una cebolla cortada en juliana, una ramita de canela, algunos clavos de olor, un trozo de kión, dos tazas de agua y hervir hasta que reduzca a la mitad, miel al gusto.

Kión o jengibre

Kión o jengibre

Afortunadamente la sabiduría ancestral aún no se pierde en sociedades que, supongo, han tenido menos acceso a la medicina alopática y a los remedios farmacéuticos, y por ende a la automedicación. Porque si aquí hay automedicación es de la buena, de la inocua, de la que además de curar el cuerpo, cura el alma. Los remedios nunca serán ibuprofeno o paracetamol, no, no, serán una dieta de pollo, un caldo de gallina, un emoliente, una mazamorra con membrillo y manzana,…o cualquier cosa que entre por la boca y se cocine con el corazón.

Alguna vez alguien me contó que a nuestro alrededor crece todo lo que podemos necesitar para curarnos. Sólo hay que salir y observar. No es nada nuevo. Hay miles de libros y manuscritos que detallan las propiedades de las plantas medicinales. Si no, que se lo pregunten a los indígenas, afortunados ellos que viven más cerca de la Naturaleza y conectados a ella, y ajenos (cada día menos) a un dudoso progreso.

P.D.: Hoy las fotos no son mías, son gentileza de Google.

La Lima silenciosa

Cuando uno piensa en una ciudad como Lima, no suele imaginarla silenciosa.

Una de las primeras cosas que aprendes al llegar es que, si debes desplazarte por la ciudad, ojo con las horas punta. El tráfico cuadruplica (o más) el tiempo que tardas en llegar de un lugar a otro. ¿Y qué tiene que ver con el silencio?… Fácil.

Uno. Los taxis no tienen señalización luminosa para LIBRE u OCUPADO. Lo que significa que, todo peatón real o imaginario, recibirá un bocinazo como anuncio de un servicio disponible. Dos. Los conductores avisan de cualquier movimiento, propio o ajeno, con otro/s bocinazo/s. Tres. Las combis, minibuses, busetas, micros,… o todo transporte público (en realidad privado) que se precie, debe correr hacia la siguiente parada para ganarse a los usuarios, antes que la siguiente combi, minibus, buseta, micro,… que viene pisándole los talones a una velocidad inaudita, se le adelante. Y claro, ¿Cómo anuncian sus paradas? Pues a grito pelao, como decimos en mi tierra. Cuatro. Todo lo anterior sumado es una cacofonía en toda regla que desespera al recién llegado y acompaña al que vive aquí desde hace años.

¡Ah! …Pero en Lima hay silencio. Existen en Lima espacios de paz y tranquilidad, en los que uno puede sentirse a salvo del incesante e irritante rugido de la ciudad.

Por casi todas partes, surgen los parques en pequeñas plazas, escondidas entre casas o edificios.

Miraflores. El malecón que hay frente al océano limeño, es un largo parque en el que sólo la visión, ya es un relajante muscular y nervioso.

Barranco. Un barrio limeño en el que se encuentran, cada vez más, esos oasis que muchos necesitamos y buscamos.

Pero Barranco es tan bello, que necesitaría un post para él sólo. Y en él te hablaría de sus mansiones del siglo XIX convertidas en museo o abandonadas a su suerte (que no parece ser mucha);  te hablaría del paseo por los jardines de la Casa de Pedro de Osma, del mejor café de Lima en un patio escondido, del Museo del Chocolate o de la Plaza del Ayuntamiento, que tanto me recuerda a Trinidad (o al menos a la de hace 20 años). Pero, sin duda, de Barranco te contaría que los pasos me llevan irremediablemente hacia el Puente de los SuspirosY cuando paso por debajo, camino a la Bajada, en secreto ajusto mi paso al vals peruano y me pongo a cantar,

…Es un caminito alegre
con luz de luna o de sol
que he de recorrer cantando
por si te puedo alcanzar
fina estampa caballero
quién te pudiera guardar

(Fragmento de Fina Estampa. Chabuca Granda)

Nadie como Chabuca para cantarla, pero a mí ésta es la versión que más me gusta.

Sí, es un caminito alegre. Y yo quisiera guardar esos breves momentos de emoción, en los que Lima aparece a mis ojos como hada madrina, transformando en Belleza todo lo que veo y percibo.

Y es en esos momentos cuando Lima me va conquistando. Ganándose un espacio junto a Barcelona y Quito.

Lima suma. Suma sonidos, sí, y olores y sabores. Como los de la Casa Roja en Miraflores. Ese otro oasis, que regala a mis sentidos una sinfonía de aromas. Entre la dulzona fragancia del galán de noche y el olor a kión, a comino y a sésamo,… que se cuecen a buen fuego en la alquimia de un crisol.

Déjame que te cuente limeño… que esta ciudad tuya, puede ser igual de bella con luz de luna o de sol.

Feliz semana i visca el Barça! 🙂

Malecón. Miraflores.

Malecón. Miraflores.

Parque. Santiago de Surco.

Parque. Santiago de Surco.

Casa Pedro de Osma. Barranco

Jardines Casa Pedro de Osma. Barranco

Barranco

Casa Pedro de Osma. Barranco

Cafetería MATE. Galería Mario Testino. Barranco

Cafetería MATE. Galería Mario Testino. Barranco

Atardecer desde el Malecón. Miraflores.

Atardecer desde el Malecón. Miraflores.

Lima mirando al océano. Miraflores.

Lima mirando al océano. Miraflores.

Lima huele a mar por la mañana

Yo nací en el Mediterráneo… también. En la preciosa ciudad de Barcelona. Pero el destino y la crisis nos llevó a aterrizar en esta gran ciudad.

Cuando he vivido lejos del mar, he intentado hacer lo posible por escaparme a alguna playa. Necesito verlo, aunque luego me pase horas mirándolo sin atreverme a cruzar las olas. Pero una de las cosas que más me gusta, es su olor. Es como si anunciase su magnífica y eterna presencia. Bajas la ventana del coche antes de llegar, porque sabes que te llegará su olor aunque todavía no lo veas.

Este océano limeño no anuncia su presencia, te inunda con ella. Es un curioso fenómeno al que muchos asocian a presagio de tsunami. Pero otros lo desmienten. Es un olor tan fuerte que, aún al otro extremo de Lima, donde el océano parece un espejismo, rodeados por los cerros del desierto y la inmensidad de avenidas y edificios, el olor penetra en la habitación tan pronto abres la ventana.

Los limeños bromean diciendo que respiramos agua, ya que la humedad suele ser del 99%. Y no creo que sea una broma cuando abro la ventana y casi siento el sabor a sal.

Esta ciudad tan grande recibe al invierno arropada bajo un manto gris que no abandona hasta el nuevo año. Gris, húmedo y frío. Y en verano se lo quita para mostrarse bella, soleada y sonriente. Eso sí, jamás llueve. Por mucho que insistan los limeños. La garúa no es lluvia. Y si no, que se lo pregunten a alguien de la sierra o de la selva.

Con manto o sin él, Lima tiene Historia e historias. Y jamás te deja indiferente. Hay mucho por conocer y por hacer.

Y aunque me cueste confesarlo, el olor de mar de Lima a mí me huele a otro mar. Otro mar que mis padres ahora estarán mirando.

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Barcelona mirando al mar