La Tempestad

Hay días en que el alma se desgarra. Sientes que mil demonios la acechan para ganarse un discípulo allá donde habitan. Ese lugar que no es un infierno lejano, ni espera a los malos después de la muerte, sino un lugar en nosotros donde habitan los miedos, la ira desatada, el rencor, y todo aquello que no reconocemos, ni apaciguamos. Todo aquello que nos domina, incluyendo la pereza, la indiferencia, el narcisismo, la vanidad, la codicia, la envidia, la avaricia, … todo aquello que no reconocemos en nosotros, pero que también nos visita y, a veces, nos habita. Todo aquello que generalmente vemos y juzgamos en los otros, en un curioso juego de espejos.

Tal vez escribiendo pueda exorcizar los míos un poco, y el resto lo logre a través de los pies bien afianzados a tierra, el querer ser mejor persona y la enorme necesidad de vivir en armonía conmigo y con mi entorno.

A veces los pequeños gestos producen grandes cambios. Enceder un incienso. Rezar. Prender una vela. Escuchar música. Caminar. Respirar de forma consciente. Reconocer la emoción. …Y a veces no. A veces vence el miedo y desata la tempestad. Y entonces uno naufraga en su propósito, ahogándose en un océano de emociones poderosas que lo dominan.

Pero al llegar la noche y poner la cabeza en la almohada, me rindo al bienestar y la gratitud de poder dormir en mi cama, poder taparme y dormirme tranquila. Y es justo en ese instante, entre la gratitud y el sueño, cuando reviso las tormentas del día. Con inmensa claridad aparecen las opciones para evitar nuevos naufragios, e incluso, cómo capear el temporal. Y así, en una repetida retrospectiva, noche a noche revivo mi día para llevar al sueño el impulso de hacerlo mejor.

Tal vez los dioses se apiaden de nosotros, como tantas veces nos cuenta la mitología, que mañana tras mañana, amanece de nuevo. Y vuelven las situaciones para poner a prueba lo reflexionado la noche anterior.

…Al final, todos subiremos a la misma barca para cruzar el umbral. Despojados de pertenencias, sólo cabrá en esa barca lo que lleve el alma.

Por eso te deseo buen viento en tus viajes. Poco peso, humor y mucho amor. Y si te cruzas con una tormenta, que no te mate, sino fortalezca. Para que en la próxima no sea el miedo quién te domine, sino que venza el amor.

Foto de “World of Beauty”

 

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Las luces que nos alumbran

Hace más de dos meses que no me siento a escribir y, además, hoy es un homenaje.

He encendido una vela, como parte de un pequeño ritual. Es curioso cómo acompaña. Tal vez sea una herencia de tiempos remotos y no tan remotos, en los que el fuego era sagrado y expresión externa de nuestra propia luz.

Tal vez sea una razón por la cual encendemos velas en los cumpleaños. Más luz en la persona que celebra la vida.

Sea como sea, hay personas que en su cumpleaños deberían soplar el triple de velas. Porque no sólo ellas se iluminan, sino que iluminan las vidas de los demás.

Te deseo una larga vida mi querida Marta. Y un muy feliz cumpleaños.

Y por velas, el sol.

Un gran abrazo,

Eva

 

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MITAYI, en honor a la Amazonía

Hoy leía artículos en los que se escribía sobre la explotación petrolífera del parque natural Yasuní, en la selva amazónica ecuatoriana. Es una tragedia, no sólo para los que la conocemos y amamos, sino para aquellos que no la conocen y para aquellos que tampoco la aman.

La selva amazónica de los países vecinos no tiene mejor suerte. Sigue siendo expoliada de sus tesoros naturales que también son los nuestros, los de todos. Sigue siendo deforestada, exterminando especies animales y vegetales. Plantas de las cuales jamás llegaremos a conocer sus propiedades curativas. Árboles que dejarán de transformar el aire que respiramos y que cada día intoxicamos más.

Pero yo sigo creyendo que aunque nos ciegue la ambición, la codícia, la indiferencia, la falta de consciencia, también despertamos. Sí, hay muchos, cada día más, que despiertan de ese embotamiento que produce el consumo desenfrenado. Cada día son más los que se preguntan si necesitan tantas cosas para vivir, o si han sido niños los que han recogido el cacao del chocolate que se comen, o si tal vez han sido personas en régimen de semi esclavitud las que han fabricado su ropa. Cada día más cambian el FAST por el SLOW. En la comida, la moda, la educación,… Cada día, más dejan de correr para vivir.

Sabemos que los grandes cambios empiezan por uno mismo. Lo sabemos. Y también que a más personas despiertas, más gana el planeta. Y si gana el planeta, ganamos todos.

Pero de nada le sirve al planeta que yo diserte sobre lo reprochable en los actos ajenos, si no reviso los propios. Así que, con humildad, recojo la mirada, y me preparo para ganar las batallas diarias al miedo, a la ira, a la indiferencia y al rencor, para transformalo, si puedo, en amor, ternura, compromiso y perdón. Para inspirarme en otros y servir de inspiración.

Como MITAYI. El coro de jóvenes peruanos que cantan por la Amazonía. Magníficas voces recorren el Perú a través de la canción, como homenaje a que la Amazonía fue nombrada patrimonio de la humanidad. MITAYI, voces del sol. Porque mientras medio mundo se debate por tener más, el otro medio despierta.

Buenas noches Lima, bon dia Barcelona.

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Parque nacional Yasuní, Amazonía

 

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Lima, Quito y la añoranza

 

Alguien me decía alguna vez que soy la eterna insatisfecha. Cuando estoy en un lugar, echo de menos estar en otro, y cuando regreso, echo de menos el anterior. Puede ser.

Hay mucho que extraño en Lima de Barcelona. Pero me doy cuenta que extraño también Ecuador. … Cada imagen que me llega a través de las redes sociales, es una punzada en el corazón.

Allí aprendí a disfrutar de mi soledad, la sufrí también en muchos momentos. Descubrí amigos que siguen siendo amigos a pesar del tiempo y la distancia, y los afectos permanecen intactos. Aprendí a amar sin medida, y sufrí sin medida también. Subí montañas, crucé lagos, volé en sus cielos, bailé hasta el cansancio, reí, lloré, amé y fui amada,… En todo ese atado apasionado, viví la vida de los 25 a los 31 con tal intensidad y rodeada de tanta Belleza, que es doloroso revivirlo sin estar allí.

Y si tanto lo echo de menos, por qué no regreso estando ahora tan cerca? Porque tal vez lo que temo es no poder regresar al tiempo que viví.  Caminar por los lugares en los que tanto amé paisajes y personas, y tener que revivir el duelo. O tal vez porque tema no querer marcharme nunca más.

Mi padre siempre me decía, aprovecha al máximo la experiencia, que luego se acaba. Y ahora me sigue diciendo lo mismo cuando lamento el clima, el tráfico o verlos tan poco.

Le hice caso. Viví en Ecuador con todo mi corazón. Enamorada de cada volcán, cada lago; la asombrosa transformación del paisaje yendo de Quito a la costa; del mar de luciérnagas iluminando la noche oscura de la selva, como si el cielo se hubiese caído; de esa luz inigualable; las iglesias del centro histórico, las casas de la época colonial bellamente restauradas, bellísimas haciendas convertidas en hosterías; paisajes remotos sin ninguna presencia con ríos, montañas y lagos de una belleza extraordinaria; el amor de los ecuatorianos por su país, su pasión y su inconformismo, su solidaridad trascendiendo regionalismos, su siempre generosa hospitalidad;… Ecuador es un país pequeño, con tanta grandeza… Imposible percibirlo en un viaje de turismo. Es un país para ser vivido, para disfrutar sus fiestas, conocer sus leyendas, probar sus comidas, conocer sus más lejanos y escondidos rincones, vivir su día a día y descubrir cada mañana la silueta de algún volcán recortada contra el cielo de un azul imposible.

Tal vez un día, frente al mar de Barcelona, escriba sobre todo lo que añoro del Perú.

..O tal vez haya aprendido entonces, que la añoranza puede ser un recurso para huir del presente. Y sepa vivir plenamente cada instante, con enorme gratitud y admiración.

 

 

 

 

La libertad del silencio

Me preguntaba qué pasaría si todo lo que escribimos en internet (redes sociales, blogs, webs,…) fueran palabras dichas en voz alta. ¡No callaríamos nunca! Ni siquiera al dormir. Nuestras palabras seguirían hablando sin cesar por nosotros, mientras fuésemos leídos.

Siempre hay algo que leer en internet. Siempre hay alguien escribiendo o alguien quien nos lee. A veces pienso que es un alimento constante del ego y, a la vez, un constante voyeurismo.

Blogs y más blogs (vaya el mío por delante). Palabras y más palabras.

…Echo de menos el silencio.

Tal vez siempre haya alguien que nos cuente algo interesante y alguien a quién le parezca interesante lo que contemos. Pero… en medio de esta locura de contar qué hacemos, dónde vamos, con quién,… ¿No será que en realidad nos sentimos solos?

Tal vez por eso no haya escrito útlimamente.

Tal vez no haya escrito últimamente porque los afectos se han multiplicado por la visita de mis padres, o porque esos rincones de mi alma a los que nadie podía acceder y a los que siempre exigía llegar, son ahora rincones a los que empieza a llegar la luz, el aire y el amor.

Y me siento en ellos en silencio a tomar un café, a leer un libro, a contemplar el mundo y a saborear la vida sintiéndome querida sin más.

Una mujer imperfecta en un mundo imperfecto lleno de imperfectos. Es extraordinariamente liberador. Como lo es el silencio que aquieta la mente y deja espacio al verdadero Yo.

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Mi Querencia, un oasis cerquita de Lima

Éste es un nombre sugerente. Y me recuerda vagamente al galope de los caballos cuando se sienten cercanos a casa, se llama querencia de cuadra. Pero ésta es otra Querencia. La de las personas que la habitan y la transforman en un verdadero oasis. Y casi podría decir en medio del desierto, si no fuera por la proximidad del río.

Los cerros que rodean Lima son desérticos. Lomas peladas de roca y arena. En verano, cuando desaparece la capa gris que la nubla durante más de seis meses, el viento hace volar la tierra por todas partes. Cuando abres las ventanas para que circule la brisa y no te sofoque el calor, junto con ella entra una cantidad importante de tierra.

La contaminación, el ruido, el tráfico, el calor, tanto cemento,… A veces se hace necesario salir de Lima para respirar aire más puro y recargar las pilas.

Hay múltiples y extraordinarias opciones en un país de tantos contrastes (costa, sierra y selva, y sus zonas intermedias). Muchos limeños se van a las playas del sur de la ciudad, de las que sólo he conocido una. Pero nosotros huimos de las multitudes y nos enamoramos de lugares tranquilos, poco frecuentados y lo más naturales posible.

Y buscando algo parecido a lo descrito, dimos con Mi Querencia.

Mi Querencia está en Cieneguilla, a unos 40km de Lima. Y si no dispones de auto (coche), puedes llegar en colectivo, un taxi que espera a 4 pasajeros, que cuando llena, sale. Y cuesta 6 soles por persona (unos 1.7 euros).

Mi Querencia es una finca verde con una casa preciosa. Su jardín, cuidado con esmero, tiene una fila de enormes poncianas que lo delimitan por uno de sus lados. Sus copas son frondosas, bajo las cuales hay dos bancos que te invitan a sentarte en esas sombras generosas. Un cactus extrañísimo; flores blancas, amarillas, rojas, de plantas que no conocía. Una palmera real que se estira hacia el cielo como fuego de artificio. Árboles de lúcuma. Dos enormes rosas verdes. Una higuera… Y todo este vergel rodea un pasto (grama) impecable, que es regado a diario.

Perros, un gato, infinidad de pájaros entre los que vimos a un colibrí, que descansaba entre viajes sobre la rama de una araucaria centenaria.

Colmenas de abejas en el tejado de la casa principal, cuya deliciosa miel probamos en los pancakes del desayuno.

La casa que se alquila está junto a la casa principal, pero es independiente. Tiene múltiples y grandes ventanales que rodean el salón, la cocina y las habitaciones. Todos dan al jardín.

Sentada en el sofá más largo de la sala, descubrí que los rayos de sol se hacían un espacio entre las plantas y entraban por detrás para iluminar el libro que tenía entre las manos. Creo que ése se convirtió en mi rincón preferido. Arropada por el sol a mi espalda, la vista del jardín a mi izquierda, me quedaba absorta por tanta belleza.

Hubieron muchos momentos de disfrute, como el baño en la piscina, viendo el perfil de las palmeras recortado bajo un cielo plagado de estrellas. O jugar con Lola, la cariñosa perrita, lanzándole una pelota que ella recogía y devolvía sin parar, viendo como se derretían los miedos perrunos de mi hijo.

Después de un largo paseo junto al río, llegar a casa, darte un baño en la piscina y que te llamen para decirte que el almuerzo está en la mesa… ¿Es o no un lujo?… Para mí desde luego sí.

Tanto nos gustó que ya estábamos calculando tiempos, costos y factibilidad… de mudarnos allí como huéspedes permanentes. 🙂

Si podemos, regresaremos. Y no sólo por repetir esos momentos y poner nombres a todas las plantas que ví, sino por las personas que lo hacen posible. GRACIAS (Marta, Jaime, Gabriela, Mario,…)

 

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Lola, cariñosa y juguetona.

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Poncianas

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Mimando los detalles

 

 

Fotos: Unas son de la página facebook de Mi Querencia (publicadas con su permiso), otras son tomadas por mí.

 

 

 

 

 

 

 

 

El mejor café de Lima

Hay un pequeño lugar en esta ciudad, que esconde tras sus cristales uno de los mejores cafés.

Dicen que la ignorancia es atrevida y, sin ser una experta en dicho caldo tan oscuro como amargo, puedo atestiguar que es extraordinario. Sobretodo en un país cuyo consumo mayoritario es café americano (pasado o aguachirri como lo llaman los españoles muy cafeteros) e instantáneo.

Lo primero que ves es el color verde de la fachada del local, en plena esquina de la avenida Santa Cruz (n° 1305) con Piura. Lo siguiente, el joven siempre atento que recibe y despide a los clientes abriéndoles la puerta. Lo tercero, y tan importante para mí como el aroma y la calidad del café, son los muchachos que te atienden tras la caja y cafeteras. No es simpatía forzada, ni una sonrisa impostada. Es una franca y amable presencia que te recibe a medio camino entre la timidez y la confianza de lo que preparan con expertisse.

Me atrevería a decir que es un café artesanal. Tiene su propia tostadora tras cristales. Y si tienes suerte, ves al dueño controlando el proceso de tostado.

El local es agradable, cuenta con clientes leales que son recibidos casi, casi con su pedido al entrar. Y renuncia al dichoso Wi-Fi desde hace más de un año, sin alardear por ello. Yo, que a veces soy más chula que un ocho, seguro habría colgado el cartel con algo parecido a “No tenemos Wi-Fi, hablen entre ustedes”. Pero ellos, discretos, se concentran en lo suyo que es elaborar un muy buen café.

En época escolar se llena de padres y madres con sus hijos uniformados que, minutos antes de entrar al colegio, unos se toman sus cafés y  los otros sus postres (Que haberlos, haylos. Las galletas de chocochips son buenísimas).

Abren a las 7:00 a.m. con puntualidad suiza. Y la primera es siempre una encantadora y silenciosa señora que sólo entra a leer la prensa. La segunda puedo ser yo cuando voy. Y el tercero es un súper deportista de a los que siempre sirven el café tan pronto él llega a la barra. A mí que siempre me había gustado improvisar y experimentar, ahora admiro a las personas de costumbres. O, tal vez, es que en patria ajena, toda rutina contribuye al sentimiento de arraigo.

Volviendo al café…

José Heredia, un amigo que forma y educa agricultores en estandarización de calidad de procesos de productos orgánicos (tarea que realiza con gran maestría desde hace muchos años), me contaba que el dueño, K.C., empezó con problemas de surtimiento de grano de café de calidad estandarizada y mantenida. Lidió con ese problema y trabajó muy duro y se especializó hasta lograr la calidad que él quería y mantenerla. Y, como decimos en mi tierra, lo ha bordado.

En resumidas cuentas, si estás en Lima, seas cafetero experto o sólo aficionado, tómate un café de verdad en el Café Verde.

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Macchiato

 

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El “laboratorio”… donde no se improvisa nada

 

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Amabilidad genuina

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🙂

Advertencia: Si vas varias veces, tu paladar se volverá exigente sin remedio. Y regresarás…

 

* Información adicional para curiosos:

  • Leí una vez en una revista del sector de bebidas que, después de la cerveza, en España se consume tanto café como vino, ¡Que no es poco!

Fuente: Revista del sector de bebidas de hace al menos 10 años.

  • Los españoles consumimos unos 4kg per cápita al año, frente a los 250g de los peruanos.

Fuente: federación española de café

  • Café Peruano en el Mundo:
    representa 2.6% del producción mundial.
  • Café dentro de Economia Peruana:
    representa 2.5% del economía nacional.
  • Café Peruano dentro de cafeverde:
    representa 100% de nuestras tazas.
  • Del 100% de la producción nacional, un 90% es para exportación y del 10% que queda en el país, la mayoría es para elaborar café americano o instantáneo.

Fuente y fotos: página facebook de Café Verde.