Bon jour tristesse

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Podría describir la inexplicable tristeza que me embargó cuando hace dos días me encontraba frente al mar, “mi” mar. Tal vez eran las nubes, o la certeza que me quedaban sólo unas horas en Barcelona antes de salir hacia el aeropuerto.

También podría describir la inexplicable alegría que sentí al volver a casa, en Lima.

…Podría contarte la tristeza que sentí cuando supe que mis padres debían cancelar su viaje a Lima, tras casi un año sin verlos. O el miedo al saber que mi padre necesitaba una intervención de urgencia. Y también la alegría al saber que todo había ido bien y que nos íbamos a Barcelona para estar con ellos.

Podría decir que los días volaron y me quedaron personas que quiero por ver, y cosas por hacer.

Podría… Podría contar que hay afectos que requieren pocas palabras y un buen abrazo.

Sí, echo de menos Barcelona, el mar del Maresme, su luz, la fragancia de los pinos, ver el amanecer desde el tren,… Es mi tierra y mi gente, y los echo de menos. Y cuando los echo de menos no es en detrimento de Lima, su gente, sus rincones, sus costumbres o tanto más por descubrir. No. Las emociones conviven; coexisten en una amalgama de sentimientos encontrados que a veces dificultan el estar bien aquí, ahora.

Tú no tienes la culpa, Lima, que esté tan triste. Es la ausencia de mi “tribu”, del calor de los afectos y de mi torpeza en encontrar en mí misma esa fuente inagotable de amor. Sé que estoy en el buen camino, pero hasta entonces, tenme un poco de paciencia.

Seguiré contando todo lo que de ti descubra. Y lo haré con pasión de todo lo que me enamore. Pero no me pidas que finja y cuente de ti todo lo bello, cuando estoy aquí sentada, echando de menos…

 

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