En el norte de Perú, Vichayíto se escribe con K

Algunas de las mejores playas peruanas, para mi gusto, se encuentran al norte del país. Los locales y extranjeros que las visitan cada año me darán la razón.

Las playas limeñas monocromáticas en cielo, cerros, mar y arena, escuela y paraíso de valientes surfistas, palidecen al lado de playas norteñas.  La afluencia de gente es inversamente proporcional a la belleza del lugar. A lo largo de la costa norte, las playas semi desiertas se suceden. Y en muchas de ellas puedes encontrar restos de una rica fauna marina. Nosotros hemos llegado a ver un caballito de mar (que hemos devuelto al agua con esperanza de salvarlo), estrellas, tortugas y muchos, muchos lobos marinos. Y cómo no, las reinas de los mares, las ballenas, que llegan a estas aguas para aparearse.

Si uno hace zoom en el mapa del norte, entre Órganos y Máncora (a 3h de Piura) se encuentra una playa mágica, VICHAYÍTO. Deben ser unos 10km de playa. Larga, sólo acortada a lo ancho por las mareas que se suceden durante el día. Hace 20 años no había absolutamente nadie ni nada. Ahora, entre aquellos valientes pioneros que se animaron a quedarse, hay un lugar más mágico aún. La k

Vichayíto se convirtió desde la primera vez que lo visitamos en nuestro reducto de paz, nuestro escape al invierno limeño, nuestro lugar para vivir sin prisa, comer rico y descansar. Y tras muchas estadías y algunos pequeños y buenos hoteles (Playa Palmeras, Cabañas de Antica,…), aterrizamos en La K buscando uno de los postres anunciados en el cartel de afuera. No sólo fue un postre, sino un menú de medio día con la ensalada de lechuga, directa del huertito que tiene la dueña a la espalda del local. Y fueron las cenas también, y el café, y los postres, y… la súper atención de Karin Lindemann, de quién es ese pequeño oasis en medio del desierto (literal) y de su mano derecha, María.

Si vas a Vichayíto alguna vez, no dejes de ir a La K. Y si tienes suerte, todavía quedará alguno de esos brownies tan solicitados como el café. Pero si tienes más suerte todavía, verás tras la barra a una interesantísima mujer que se llama Cochy. Una mujer multitalento, valiente, responsable, organizada, generosa y que te atenderá como si de Karin se tratase, pero con su estilo personal. Una mujer que con quien es un placer conversar, conocedora del saber escuchar y el hablar pausado. Seguramente la oirás reírse con Miriam y Fabián, las estrellas de la cocina cuando María no está. Es imposible que la comida no sea deliciosa cuando uno cocina con tanto amor y pasión. Si te gusta, no olvides decírselo y tendrás como premio una auténtica y sincera sonrisa llena de gratitud.

Los que me conocen saben que me cuesta abreviar, así que en un enorme esfuerzo, lo dejo aquí para seguir hablando de este rinconcito del mundo digno de una novela.

Continuará…

 

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