La Sal(sa) de la vida

¡Qué fácil es olvidarse de aquello que nos causa placer o que nos eleva el espíritu! Aunque, pensándolo bien, más que olvidarse es no darle un espacio.

La casa, la familia, el trabajo,… podemos llenar nuestra vida de responsabilidades, en un afán de perfeccionismo. De querer llegar a todo. De llenar las expectativas propias y ajenas para no decepcionar y lograr un reconocimiento que nunca llega. Para satisfacer, y ganarnos así el amor de los que nos rodean. También podemos perder el tiempo que nos quedaría libre, navegando por Instagram, chateando por WhatsApp o atrapados en el Facebook.

Hasta que algo pasa y te detienes. Y te miras y no te reconoces. Y te preguntas cómo llegaste hasta aquí. Y, a veces, también te preguntas en qué momento te estafaron. Nadie te dijo que la vida volaba. Y si te lo dijeron, no te lo creíste, ¿verdad?

A mí me ha pasado.  Y no un día. Uno tras otro, sin saber qué hacer. Hasta que paré. Y decidí no hacer nada. Quedarme quieta. Escuchar. Recordar aquellas cosas que me hacen feliz. Aquí, ahora. ¿Y qué me hace feliz? ¿En qué momentos vibro tanto que podría volar? Cuando nado, cuando mantengo una conversación interesante, cuando voy al mar, cuando veo el sol y, sobre todo, cuando bailo salsa.  ¡Salsa! De todas las cosas que he probado en esta vida, bailar salsa me produce una felicidad inmensa. Y si me toca un buen partner, ya es lo máximo de la felicidad.

No me culpo. Dejé de bailar, porque las prioridades cambiaron, las horas del día y la energía se reducían, porque nunca salía por la noche, porque… un incontable número de razones… o excusas. Yo, y sólo yo, no me lo permitía.

He vuelto a bailar. Y me siento feliz.

¿Así que era eso? … me entra la risa fácil sólo de pensar en lo sencillo que era. Bailo y no sólo cargo las pilas, ¡¡vivo enchufada!!

Vuelve a pasarme que salgo a la calle y me entran ganas de ponerme a bailar. Espero a que cambie el semáforo, mientras mis pies se mueven casi imperceptiblemente: 1, 2, 3,… 5, 6, 7.

Hice grandes amigos bailando salsa en Ecuador. Y viví noches históricas en Quito. Mucha amistad, mucho baile, buena salsa. Todos los jueves, precedido de cenas memorables en La Bricciola.

… Y ahora en Lima, después de haber muerto, renazco al recuperar la sal(sa) de la vida.

Con el permiso de YouTube… ahí va un poco de salsa. Con el perdón de los muy salseros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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